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domingo, 6 de noviembre de 2016

UNA REFLEXIÓN IMPORTANTE - II PARTE


En la primera parte de este artículo, ya hemos citado al ego en dos ocasiones directamente relacionadas con el miedo a la pérdida que siempre implica la muerte. Nuestro ego siempre discriminatorio, tiene clara la diferencia entre yo y los otros, y sufre por partida doble por el apego a ambas entidades que son parte del ilusorio mundo que ha creado para sentirse seguro. El pensar y tomar consciencia de que con la muerte todo vuelve a su estado natural, que se disuelve la ilusión (y el ego), hace que se inviertan demasiadas energías en afirmar el propio ego, dándole fuerza a través de la competitividad, el “éxito” social, la imagen...

En la práctica del Zen se denomina la “Gran Muerte” a la liberación del ego, a la trascendencia por tanto de la vida y de la muerte, a la libertad de vivir, y morir. Un hombre se acercó a un maestro zen y le solicitó ser su discípulo. El maestro le dijo: “¿Estás preparado para morir?”. El hombre le contestó: “Vine para aprender Zen, no para morir” y le dijo el maestro: “Si no mueres, nunca aprenderás Zen”. Yamamoto Tsunemoto, en su Hagakure, también hace referencia a esta muerte del ego: “Para seguir la Vía uno debe sacrificar su propia vida”

El Zen considera que la búsqueda del mejoramiento humano pasa por el constante intento de debilitar y finalmente derrotar al ego. Lo contrario a lo que hace la individualista sociedad en la que vivimos, que no hace mas que ensalzarlo. Los antiguos samurai, atrapados en complicadas relaciones de fidelidad, honor y vasallaje, tenían tan diluido su ego en el grupo, que no dudaban en poner a su disposición la propia vida, actitud que permitía no solo un mayor arrojo en el combate, sino una percepción mas intensa de la vida y de su delicada inconsistencia. En la cultura japonesa morir llega a considerarse una liberación de los problemas terrenales y el triunfo final sobre el ego, y por ello al difunto se le denomina hotoke, algo así como "iluminado".

Antigua representación del suicidio ritual (seppuku)

 Tanto el aceptar plenamente la muerte como parte de la vida, como el bien morir, en el caso de poder ser conscientes del proceso, implica un trabajo espiritual continuado, con reflexiones especiales en ciertas épocas del año, como es el caso, a través de la meditación continuada y de otras practicas espirituales como puede ser la vertiente mas elevada de la práctica del Karate-dô. Este Camino (Dô) espiritual nos permitirá sobre todo en la hora final controlar pensamientos y emociones, apartando la tristeza, la amargura, el miedo o el arrepentimiento, sin desear comprender, sin aferrarse a nada, desapareciendo en un sueño como nubes que pasan.

Y si en nuestra vida hemos intentado dejar un buen ejemplo, también los haremos en la muerte como lo expresaba el samurai Morikawa Kyoryku en este jisei o poema realizado en el umbral de la muerte.

Hasta ahora pensaba
que solo se morían
los mediocres.
Pero si también mueren los que no lo son
¿no producirán, seguramente, mejor estiércol?

Como hemos visto la reflexión sobre el trascendental tema de la vida y de la muerte debe formar parte de nuestra vida espiritual y diversas actitudes y elementos pueden ayudarnos en esta tarea.

El karategi (空手 着 traje de Karate) es de color blanco, color ligado tradicionalmente a la muerte y al luto en Japón, por ello los samurai se vestían de blanco para realizar el ritual de suicidio (Seppuku). También se vestía de blanco al difunto, por lo que este color también tiene un sentido de trascendencia hacia un estado superior, invitándonos a una mayor presencia ante el que podría ser nuestra “última práctica”. Vestir pues el karategi es asumir un estado especial de consciencia ante la intensidad de la vida en el momento presente. Simboliza la muerte del ego y de las actitudes egóticas al menos en el dôjô. Decimos que si por el contrario permitimos que “el ego se ponga el karategi”, le daremos una vía de escape y se fortalecerá.
En el tatami, dedicaremos toda nuestra atención a la práctica, fluyendo con ella, sintiendo, como dicen los maestros zen, como en cada inhalación renacemos y en cada exhalación morimos.



Fuera del dôjô podemos utilizar algún objeto que nos haga presente este tema de reflexión. Por ejemplo un rosario o pulsera budista de “cráneos” que simbolizan la in-permanencia de la vida a la vez que la existencia de algo mas perdurable y profundo.



 “Si no hubiera sabido que ya estaba muerto,
habría lamentado perder la vida”.
Ota Dokan (1432-1486)

No podemos olvidar nuestra vida espiritual y centrarnos en lo material, aunque tampoco debemos hacer lo contrario, porque esta división no existe. Lo espiritual se expresa en lo material, es la fuerza que lo anima, y lo material tiene una gran influencia en lo espiritual. Cuerpo, Mente y Espíritu, las tres batallas (Sanchin) a librar para Ser uno con todo.
(Fin del artículo)

Antonio Avila

Lecturas recomendadas:

BLANCO, J.R. : Tánatos en el Cultura Japonesa Tradicional. Arte Editorial. Madrid, 2012
KAPLEAU, P. : El Zen de la Vida y de la Muerte. Ed. Oniro. Barcelona, 2012
YOSHO, Y. : Hagakure. Breviario del Samurai. Ediciones Obelisco. Barcelona, 1989 (Prólogo de Carmelo H. Ríos)

CINTOS NEGROS EN EL ICHIBAN DOJO


Sensei Luis con grupo de chicas participantes en el entrenamiento

El pasado sábado 5 de Noviembre, ha tenido lugar en el Ichiban dôjô de Murcia una nueva práctica para cinturones negros de la IOGKF España, como siempre a cargo de su instructor jefe,  sensei Luis Nunes.

El kata Sanseru fue el objeto de dicha práctica. Entre flexiones de brazos y piernas, se desgranaron aspectos técnicos de su ejecución, así como de su utilidad y aplicaciones.

Antonio, Ana, Susana y Raúl con el sensei Luís
















Susana. Ude kitae

Nuevos conocimientos para aplicar a nuestro progreso.

Arigatou gozamaisu sensei

Antonio Avila


viernes, 4 de noviembre de 2016

UNA REFLEXIÓN IMPORTANTE - I PARTE


En la Iglesia Católica, el día 2 de Noviembre es el Día de los Difuntos, y es dedicado a orar por aquellos creyentes que abandonaron su vida terrenal, y en especial por los que tras hacerlo, aún se encuentran en un estado de purificación. Para ello, en una actitud de recogimiento, se asiste a la Misa de Difuntos. En España es costumbre asistir en estos días a los cementerios y visitar las tumbas de los familiares, adecentarlas y ofrecer flores.

Cementerio de Cártama, Málaga. Día de Difuntos
 Esta celebración de origen ancestral, se da en todas las culturas, tanto para honrar a los antepasados, como para cubrir la necesidad del ser humano de mantener el “contacto” con los difuntos, de tener la sensación de que no se han extinguido y de que cuando nos toque, tampoco lo haremos.

Al igual que en Occidente el Cristianismo asimiló esta costumbre, el Budismo hizo lo propio tanto en Japón como en Okinawa: El llamado Obon (お盆) se celebra en Julio (Okinawa) o Agosto, según nos encontremos en una u otra región, durante tres días a partir de una fecha establecida por el calendario lunar. La fiesta es en homenaje a los espíritus de los antepasados y también las familias se reúnen y visitan las tumbas limpiándolas y compartiendo alimentos.
Antigua foto del Obon. Okinawa

 El escribir este artículo estuvo motivado por aprovechar estos días para invitar a que hiciéramos una reflexión mas detenida sobre la vida y la muerte. La coincidencia del reciente fallecimiento del sensei Chris Larken de Australia y de otros familiares de amigos y alumnos en estas fechas ha hecho mas profunda, si cabe, esta reflexión.
            Al margen de nuestras fe o creencias sobre lo que nos encontraremos o no tras la muerte, darle sentido a nuestra vida es dársela a nuestra muerte. La trascendental pregunta sobre el sentido de la vida y de la muerte, es nuestra principal preocupación existencial, y sin embargo eludimos esta pregunta pues nos angustia no poder responderla. “En cien años todos calvos”, decimos a modo de mofa, aunque interiormente pensamos que somos la excepción a esa regla. Los jóvenes incluso piensan que tienen tiempo ilimitado, que nunca serán viejos, o que la vida que sienten con tanta fuerza no se puede perder de un segundo a otro.
La sociedad moderna, mas que nunca, se aparta de su vida espiritual y oculta la idea de la muerte, reforzando así su misterio a la vez que el miedo hacia ella. No quiere restos de difuntos que la recuerden, lo que suele producir duelos mas amargos y lutos mas cortos pues hay que abandonar pronto la idea. Luego nos “reiremos” de ella disfrazándonos de “muertos vivientes”. En ocasiones se sufre la muerte de otra persona, mas que por su propio destino, por devolvernos la consciencia de nuestra mortalidad y la agonía existencial que esto nos provoca, o por el dolor de nuestro propio ego al perder a alguien que siente como suyo. 

Cuando por algún acontecimiento especial caemos en la cuenta de que somos mortales, el temor a la muerte resurge con sentimientos relacionados con el dolor, el abandono, la agonía, el miedo a lo oscuro y desconocido, pero sobre todo a la pérdida de la identidad, de ese ego querido que me identifica como individuo. Algunos buscan de inmediato refugio en su fe, en caso de tenerla, pero lo que va siendo mas normal es buscarlo en una incesante búsqueda del placer, en una mal interpretada filosofía del carpe diem de Horacio, y en el peor de los casos en el alcohol o las drogas.

Entonces ¿que podemos hacer? ¿como solucionar este problema y vivir la vida sin temor? Nuestra vida no es un misterio que deba resolverse, sino una realidad que debe vivirse, y quizás sentir amor por la vida sea el único antídoto efectivo, el disfrutar de nuestro ikigai, nuestra razón de vivir en cada instante.


El samurai Yamamoto Tsunemoto escribió a principios del siglo XVIII: “Para ser un samurai perfecto es necesario prepararse para la muerte mañana y tarde, incuso todo el día”. Si reflexionamos sobre la fragilidad de la vida, esto nos hace centrarnos en aquello que es realmente importante, dejando de lado aquellos asuntos que solo nos hacen perder tiempo y que no son tan importantes. Volviendo a citar a  Yamamoto Tsunemoto: “Hay pocos problemas realmente importantes, sólo se presentan dos o tres en toda una existencia”. Entregarse por completo al momento, a lo que somos y hacemos aquí y ahora, de forma generosa y humilde, da intensidad a nuestra vida y nos funde con ella, haciéndonos en cierta forma desaparecer, vivir muriendo. Hacer las cosas con distanciamiento, de forma egoísta e interesada, sin atención y con mal talante es justo lo contrario; morir viviendo. 


Fin de la primera parte

Antonio Avila

domingo, 23 de octubre de 2016

CICLO DE CONFERENCIAS DE LA ASOCIACION HI NO HIKARI


Este fin de semana la Asociación Hi no Hikari, dedicada al estudio del Arte y de la Cultura japonesa, ha celebrado un ciclo de conferencias cuyo tema conductor ha sido “El Vacío en la Cultura Japonesa”.

         El ciclo constó de tres conferencias: La primera, a cargo de Juan Vallejo, versó sobre “El Vacío como experiencia estética en el Arte Japonés”, en la que a través de ejemplos extraídos de diferentes artes japonesas como la pintura, el teatro Nô, el cine de Ozu, la música o el Bonsai nos introdujo en el conocimiento del concepto “Ma”, imprescindible para la comprensión del “Ku” (Vacío) en el Arte y también en el pensamiento japonés, relacionándolo con sus principios estéticos.


         La segunda, que fue desarrollada por Antonio Avila, se tituló “Karate: El Camino de la Mano Vacía”, y de ella incluimos al final un resumen por ser el tema de especial interés para nosotros.

Antonio Avila y Juan Vallejo
En la tercera y última conferencia el tema tratado por José Vergara fue el de “La vivienda tradicional japonesa”. Gracias a él conocimos los condicionantes naturales y culturales que han llevado a la casa tradicional japonesa a tener las características que la definen: El respeto y la integración con la Naturaleza, la sencillez, la combinación asimétrica de líneas y espacios y la posibilidad de la expresión más espiritual de la Arquitectura. A través de ejemplos visuales, como el análisis de una Sukiya (casa de té), pudimos apreciar la existencia de aquellos principios estéticos que se apoyan en el concepto de Ku.
José Vergara en su intervención

Este ciclo fue celebrado en el Centro Cultural “Pablo Ruíz Picasso” de Torremolinos, gracias a la colaboración del Área de Cultura del Ayuntamiento.
        
         La Asociación Hi no Hikari agradece desde este blog tanto la difusión del evento como la elevada participación y el interés con que se siguió esta actividad.




Agradecemos a Susana el que nos proporcionara las fotos del evento.
KARATE: EL CAMINO DE LA MANO VACIA (resumen)

por Antonio Avila

Cada cual tiene una idea subjetiva de lo que es el Karate-dô, esto es lógico pues no se puede conocer algo que no se ha practicado, que no se ha experimentado. Por otra parte el Karate se ha desarrollado en muchos ámbitos lo que le ha dado diferentes barnices y en la actualidad también ha sido recubierto por distintos envoltorios.

El Karate en sentido estricto, no es un Arte Marcial, sino un sistema de lucha civil, creado en Okinawa a principios del siglo XX. Y digo civil porque aunque es heredero en parte de sistemas marciales, el Karate como tal no fue concebido para ser utilizado en una batalla. 

 La creación del Karate no fue mas que la sistematización de la enseñanza de los sistemas de lucha de la isla por parte de determinados maestros que  por primera vez en la historia se relacionaron entre sí como representantes de sus propios métodos.

Tras la II Guerra Mundial especialmente cruenta en Okinawa, en todo Japón surge un pujante espíritu antibelicista, que solo podía casar con el espíritu guerrero de sus artes tradicionales de guerra, si el objetivo último de la practica era la mejora del practicante desde un nivel físico a uno moral y finalmente espiritual.

El término con el que se designó al nuevo arte de lucha, KARATE-DÔ, es ilustrativo de este proceso. Vamos a analizarlo:



KARA significa “vacío”. Hay quién le atribuye el simplista significado de que la mano está vacía, sin armas. Pero me inclino a pensar que este término hace más énfasis en su sentido de “disponible” de su potencialidad para ser usado. Aunque tampoco podemos perder de vista su aspecto de principio fundamental, que afirma la vacuidad de todo lo que existe, y del que hablaremos mas adelante.

TE (Ti en uchinaguchi) significa literalmente mano, y es significativo que se utilizara para designar una forma de lucha en vez de utilizar el término PUÑO (chuan en chino, y ken en japonés).

Finalmente DÔ, literalmente “camino”, es una alegoría al  camino de la vida. Se refiere a una vida de práctica constante debido a la in-permanencia y al cambio de todo lo que nos rodea y sobre todo, de nosotros mismos

Cuando decidimos iniciar el “camino” de Karate ¿Cual es la verdadera motivación inicial? La palabra motivación viene de “mover”, ¿que nos mueve?

Solemos actuar por impulsos, nos dejamos llevar, de manera a veces inconsciente por modas y reclamos. Si nos preguntan inesperadamente el porqué hacemos determinada actividad, debemos improvisar o echar mano a lo mas obvio, porque en realidad nunca nos hemos parado a pensar cuál es nuestra motivación profunda y si esta merece la pena. Si no tengo clara mi motivación, tampoco mi objetivo y tampoco el camino, lo que debo hacer, para llegar a él.

Nuestra motivación está relacionada con satisfacer nuestras necesidades, desde las mas inmediatas y básicas como comer o dormir, hasta las mas elevadas como son las espirituales o existenciales. Y el poder satisfacer todas nuestras necesidades es lo que denominamos un estado de felicidad. Todos buscamos en última instancia la felicidad.

Si nos planteamos practicar Karate-dô, incluso ahora que sabemos mas cosas de él, nuestras motivaciones iniciales aún pueden ser innumerables: ser mas fuerte, saber defenderme, estar mas sano, entrar en un grupo social, ser un campeón, probarme, sentirme mas seguro, ganar dinero en un futuro, etc, etc. 

Todas son legítimas, pero el Karate-dô como el Zen, es un camino de consciencia. Quizás primero de consciencia de nuestro cuerpo y luego de él en relación a los otros, pero esta expansión de la consciencia hacia el exterior tiene límites, el de nuestros sentidos. No podemos concebir lo infinitamente grande, y nos volvemos hacia nosotros hacia lo infinitamente pequeño, quizás mas asequible a nuestra comprensión intelectual.

La práctica continuada del Karate-dô, como camino de consciencia, de atención, nos ofrece la experiencia de que todo es in-permanente (MUJO), de que el cambio es lo único que no cambia, que instante a instante, una situación como un combate cambia, que nuestras habilidades y cualidades, como la técnica y la fuerza también cambian y finalmente desaparecen. Y digo experiencia pues solo a través de ella puedo llegar a la lucidez de la sabiduría.

 Otra enseñanza fundamental es la de la in-sustancialidad de las cosas, el comprender que todo en última instancia es vacío. Los científicos cada vez están más cerca de esta conclusión final. Han estudiado la materia y después  de descubrir las partículas sub-atómicas (quarks) solo existen teorías sobre cuál es la partícula esencial. En cualquier caso ya están de acuerdo en que lo que más existe tanto hacia lo infinitamente grande con hacia lo infinitamente pequeño, es el vacío. Si nuestra sólida materia es así de cuestionable, que no serán nuestras construcciones mentales de como son las cosas o de nuestras emociones.

Así nos dice el Zen que todos los fenómenos están esencialmente vacíos de toda sustancia propia, ya que en un sentido no son más que manifestaciones pasajeras de una corriente de manifestaciones sin fin.

Llegamos pues a la conclusión de que nuestros sentidos nos engañan, aunque están no obstante diseñados, desde nuestros orígenes, para permitirnos sobrevivir, para poder movernos en lo más inmediato, pero a la vez nos mantienen en una burbuja irreal, ignorantes de la realidad. Iluminación, Despertar, es conocer las cosas como son, no como creemos que son, sin discriminación ni dualismo, sin filtros previos de juicio.

En Karate se habla de la mente vacía (MUSHIN), la actitud mental imprescindible para la maestría en el combate, vacía de la interferencia del pensamiento y las emociones, de los juicios y del recuerdo de experiencias previas, y con toda la potencialidad de su propio vacío, con tal consciencia de la situación que percibe su más sutil matiz, incluso de lo que no percibo, llegando así a lo que llamamos intuición. Mente y cuerpo funcionan sin dualidad, sin intermediarios mentales, y el cuerpo actúa utilizando la formación programada en los músculos, dando respuestas automáticas.

Para concluir podemos decir que la esencia del Karate-dô es el vacío. Su representación es el Kata, la forma del Karate. Al igual que un artista zen no sugiere lo que es omitido, sino que hace que se refleje en lo que se ve, en un kata tampoco se hace esta sugerencia, sino que busca que los movimientos esenciales sean comprendidos. De forma que cuando esto ocurre son mucho mas que ellos mismos.

Y volviendo a la pregunta sobre ¿que motiva a practicar Karate-dô?, ¿Cual es la razón profunda?, creo que no debería ser tanto el conseguir unos momentos de felicidad puntual en el placer del ejercicio, de la compañía, de la autoestima, del éxito, de la fuerza, etc., o de un imposible estado permanente de felicidad al ser esta una cara de la misma moneda que la infelicidad y el sufrimiento inevitable, como de llegar a un estado de armonía. Quizás no pretender ser un iluminado pero si ver las cosas con la lucidez que nos da una mayor consciencia de la realidad, del Vacío.

martes, 11 de octubre de 2016

CELEBRACIÓN DE OTOÑO

                 Se pone en boca de Hotei, el monje mal llamado “Buda de la Risa”, que el buen humor nacía del fracaso de la violencia y del descubrimiento de que nada se sostiene indefinidamente en la posición que ocupa[1]. Nuestra práctica del Karate Goju-Ryu debe ser seria y divertida, rígida y flexible, dura y blanda, dolorosa y placentera, dentro y fuera del dôjô, porque toda “realidad” conlleva su opuesto, porque cuando, como dice Hotei, hemos superado con nuestra práctica la necesidad de ser violentos y descubrimos que “somos” solo en función de los demás y de las circunstancias cambiantes, vemos con hilaridad que no tiene sentido tomarse nada demasiado en serio, y que es mejor ir por la vida con buen humor y en buena compañía.



[1] Mario Satz: El Buda de la Risa. Cap. XV

Por ello son importantes, tanto como los entrenamientos, algunas actividades que nos hagan conocer mejor a los demás, nos permitan compartir experiencias y nos pongan en situaciones diferentes a las del dôjô. Como un juego de cambios de papel que refuerza el conocimiento y respeto mutuo.

Baldomero, Ana y Carlos
Dentro de estas actividades, la Asociación Malagueña de Goju-Ryu Karate-do ha organizado un año mas una comida para celebrar el inicio del Otoño. Para este evento solemos aprovechar el regreso de nuestro compañero Baldomero que desde tierras asturianas aporta además de sidra, queso de Cabrales y otros manjares. Hemos de agradecer como siempre la organización y el empeño en que todo salga bien de Carlos y la tarea que asume Andrés de documentar fotográficamente la ocasión. También las aportaciones de culinarias de los casi treinta participantes que nos reunimos en este día, incluida la paella de Ana y sus pinches.



Sandra con su tarta
La cercanía de los cumpleaños de Raúl, Carlos y del que esto escribe, fue especialmente celebrada con una tarta elaborada y personalizada para la ocasión por parte de Sandra.



Aunque en el pasado Curso Nacional en Barcelona, sensei Luís Nunes entregó los diplomas de dan a los que allí estaban presentes, decidimos hacer una nueva entrega, ahora con la totalidad de los que ya hace un año se examinaron.

En fin, una nueva ocasión de pasarlo bien en buena compañía. Gracias a todos.

Antonio Avila

viernes, 7 de octubre de 2016

HOJO UNDO

Miyagi sensei con makiwara
“Los ejercicios suplementarios, hojo undo, se practican con el objetivo de perfeccionar los kata. El propósito de estos ejercicios es no sólo desarrollar fuerza y potencia en todo el cuerpo sino desarrollar cada parte del cuerpo individualmente para desarrollar potencia de "cuerpo entero".
Miyagi Chojun sensei


La publicidad, el marketing, han encontrado un verdadero filón en el idioma, presentando lo antiguo como un novedoso producto ¡lo último! Solo se necesita un buen nombre en inglés. Esto ocurre con el tradicional Hojo Undo (補助 運動) que es traducido como “ejercicios suplementarios” y que es un sistema de entrenamiento funcional (o quizás mejor decir functional training) especialmente adaptado a las necesidades del Karate. Su objetivo es mejorar la técnica fortaleciendo el cuerpo en relación a su mas efectiva ejecución y proporcionando al practicante las sensaciones necesarias de control muscular, enraizamiento, tensión/relajación, coordinación, respiración, etc, que deberá utilizar en la ejecución del kata y por consiguiente del combate. Este sistema tradicional de fortalecimiento, que no de musculación, no pasó de Okinawa a Japón, salvo la honrosa excepción del uso del makiwara, aunque de manera un tanto desvirtuada. Al expandirse el Karate por el mundo solo en aquellos países que recibieron maestros venidos directamente de Okinawa se conocía esta parte importante del entrenamiento.

En Occidente tanto el Hojo Undo como el Junbi Undo (ejercicios preparatorios) se sustituyeron por un entrenamiento físico que se alejaba de los principios en que se fundamenta el Karate original, pero que iban en línea con el Karate japones mas basado en el kihon y la repetición técnica, que en las profundidades del kata.

Utensilios de hojo undo en el dojo del maestro Higaonna. Naha, Okinawa.


















En España, las primeras publicaciones de Karate en los años 70, con alguna excepción, no hacían mención al Hojo Undo. Aún hoy no es raro ver muchos dôjô de Karate sin un makiwara y aun menos con otros utensilios tradicionales.

Pero de repente una nueva ola de karatekas “iluminados” han descubierto el functional training, el CrossFit, el Paleotraining, el Cross Training, etc, incorporándolo de manera mas o menos correcta a su entrenamiento.

Antiguas giryas para balanzas

Estas modalidades vienen con “modernos” equipamientos que no son mas que adaptaciones de otros mas antiguos, como las  giryas o “pesas rusas” en su origen contrapesos de balanzas, o los ishi-sashi o “candados de piedra” llamados así por su forma, y que en China y en Okinawa se utilizan de manera similar a las anteriores. Al menos esta moda está llevando la atención de los karateka al Hojo Undo.

uso del ishi sashi en China























El Hojo Undo es una elaboración propia de Okinawa, en la línea de una amplia tradición de usos de aparatos para el fortalecimiento de los luchadores que tiene su precedente mas directo en China, pero que en mayor o menor medida se ha practicado en todos los estilos de lucha orientales y occidentales. Al margen de la utilización de elementos naturales como piedras o árboles, algunos de los aparatos mas específicos como el tan, el chi-ishi o el mencionado ishi-sashi pueden encontrarse tanto en China como en Okinawa.


En la escuela Goju-Ryu de Okinawa se le da una gran importancia a este tipo de entrenamiento. El maestro Miyagi experimentaba con nuevos aparatos e incluso introdujo alguno nuevo como el kongoken, un pesado aro oval inspirado en objetos similares utilizados por aquella época entre los luchadores de Hawai. El Hojo Undo es pues una parte que no podemos olvidar en la práctica del Karate. No se pueden comprender muchos pasajes técnicos de los kata si no tenemos la posibilidad física de realizarlos, por ello la practica del Hojo Undo debe ir unida siempre a la comprensión de lo que estamos haciendo y porqué. 



Los utensilios de entrenamiento, tanto los diseñados para ser levantados como para ser golpeados, deben ser utilizados en primer lugar de forma correcta, por lo que es necesario un aprendizaje previo de los detalles técnicos de su uso, y en segundo lugar en función de nuestras posibilidades físicas y nivel técnico, aumentando la dificultad y dureza del entrenamiento muy gradualmente, tanto para progresar correctamente como para evitar lesiones.

El entrenamiento de hojo undo es ademas una ocasión para el adiestramiento personal en solitario, en la que no interviene el deso de vencer a otro o juicios sobre el adversario que solo consiguen enturbiar nuestra mente.

Hemos comenzado con una cita del maestro Miyagi y finalizamos con otra del maestro Motobu Choki:

“El entrenamiento de cualquier deporte precisa siempre de unos instrumentos complementarios. En el Karate hay unos instrumentos que son imprescindibles y que no han sufrido modificaciones desde los tiempos fundacionales de este arte aunque, en la actualidad, hay quien los rechaza por considerarlos anticuados. En mi opinión siguen siendo fundamentales”

Antonio Avila