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martes, 27 de septiembre de 2016

KENKYO (謙虚): HUMILDAD


"Para contrarrestar la arrogancia o el orgullo, uno debe pensar en las propias deficiencias para hacer brotar la humildad".
Dalai Lama
            
            Un camino espiritual () sincero, al igual que su práctica, siempre se fundamenta en la Humildad.

Recuerda Higaonna sensei en su artículo sobre la Humildad[i] que su maestro An´ichi Miyagi, le decía: “Debes buscar constantemente y desarrollar tu técnica y carácter desafiándote cada día; empujándote cada vez más duro, con el último fin de la humildad”. El maestro Higaonna insiste en que el objetivo de la práctica es permitir que el Karate desarrolle armonía (Wa) en cuerpo y mente, pero también nos ha transmitido que el espíritu de Wa es la humildad, tanto en relación con uno mismo como con los otros.

La virtud de la Humildad hacia nosotros mismos es importante para nuestro desarrollo pues mantendrá en nosotros el espíritu de principiante (shoshin) necesario para progresar y no un gran ego que nos convenza de estar en la cima, de saberlo todo. El humilde dirige hacia dentro su práctica, y por tanto no busca ni le interesa ser centro de atención.

            En relación a nuestros maestros, compañeros, alumnos y demás personas que han contribuido y contribuyen en nuestro aprendizaje, ser humildes es darse cuenta de que no somos los únicos artífices de nuestros resultados, y es de sabios sentirse por ello agradecidos. La gratitud es a su vez el fundamento de la sincera humildad que mantiene a raya la arrogancia de nuestro ego, que insiste en reafirmar que somos capaces de hacerlo solos, y que a nadie necesitamos.

             De nuevo citamos a Higaonna sensei: “Debes permitir que el Karate desarrolle tu espíritu y no usarlo para aumentar tus propios deseos egoístas”. El deseo de provecho económico, de prestigio o de cualquier otro tipo no hace mas que debilitar la madurez espiritual del practicante e induce a la búsqueda, a través de una falsa humildad, del reconocimiento de los demás para ser utilizado en beneficio propio.

Nosotros no practicamos para demostrar superioridad sobre otros. No obstante es natural que queramos compartir nuestros logros. Pero debemos hacerlo desde el respeto (Rei), otro de los puntales de nuestra práctica, y desde la sinceridad. Nuestra práctica ha de ser sincera, con humildad pero sin sumisión, igualmente realizada ante el maestro como ante el alumno, sin perder de vista nuestra condición permanente de aprendiz, sin imponer nada a los demás, solo demostrando, pues la humildad verdadera se demuestra con los actos, no con las palabras.
       Para terminar me gustaría hablar un poco de la Humildad en la relación particular con nuestros maestros:             
          En la sociedad en la que nace el Karate la humildad es un valor inherente a un comportamiento correcto, y se expresa a diario en la relación con los demás, tanto en el idioma como en las actitudes, de ahí provienen todas las normas de protocolo que utilizamos en el dôjô en relación al maestro, a los compañeros, a los alumnos y al dôjô mismo con todo su contenido. Sin embargo el conocimiento y cumplimiento de estas normas, aunque sean de ayuda, nos hará ser educados pero no implicará obligatoriamente una actitud verdaderamente humilde. Como hemos visto, la Humildad, es una actitud interior que se reflejará de manera espontánea en nuestro comportamiento.
          Sabemos ya que la Humildad en la práctica de la Vía del Karate conduce a la maestría. En la tradición zen, la transmisión de la maestría (Shiho) no suele recaer en el de mas jerarquía, ni en el mas antiguo, sino en aquellos que nadie espera, en el mas humilde y por tanto sabio, no en vano se dice que la Humildad parece que no sabe nada pero a la vez lo sabe todo. Su humildad los ha hecho desapercibidos, no se promocionan, no quieren títulos, a veces ni desean la misma transmisión. Convertido en maestro asume que deberá esforzarse aún mas en no perder la humildad y la sinceridad de su práctica, por ello en la historia del Zen muchos al recibir el shiho abandonaron los templos y se hicieron ermitaños, otros aceptaron el reto de la transmisión. 
        La observación, base del aprendizaje, no solo debe enfocarse en la maestría de la ejecución de la técnica por parte de nuestro sensei, sino también en su actitud, en su lucha por mantener su espíritu de principiante a la vez que se hace responsable de una sincera transmisión. La palabra sensei se utiliza en relación a seito (alumno), donde hay un sensei obligatoriamente debe haber un seito. Por ello ante un sensei no somos mas que seito, ese es nuestro papel, si queremos aprender. Así como una taza de café (cambiaré el toque oriental del té, porque me gusta mas el café) debe estar por debajo de la cafetera para poder ser llenada, nuestra actitud humilde permitirá la transmisión fluida del conocimiento. Por tanto en el proceso de aprendizaje seremos seito, no amigos, no “manos derechas”, no preferidos ni merecedores de un trato especial por ninguna circunstancia, sin auto-asignarnos responsabilidades ni tareas que se aparten de la mera relación sensei/seito. Solo así conectaremos con el sensei de manera humilde, respetuosa y libre, centrándonos en lo verdaderamente importante en esta relación: la práctica personal constante.
      De igual manera sin un seito no tiene razón de ser un sensei, por lo que este acepta su responsabilidad sobre nosotros, y será bajo su criterio que aprendamos mas o menos, y que se nos asignen las tareas que considere apropiadas para nosotros, sin que nada de esto nos haga sentirnos inferiores o superiores a otros. Debemos confiar en la supervisión del sensei o dejará de serlo para nosotros. Como dijimos ser humilde no es ser sumiso, ni significa no utilizar el sentido común, pero cuando el ego me dicta que llevo razón y no escucho con humildad, analizo la cuestión solo desde mi punto de vista y pierdo la capacidad de pedir disculpas, y entonces, ya no estaré en la Vía.

Antonio Avila



[i] Morio Higaonna: Carta Internacional, Octubre de 1995

domingo, 18 de septiembre de 2016

ENTRENAMIENTO EN EL ICHIBAN DOJO


El pasado sábado asistimos a un nuevo entrenamiento para cinturones negros a cargo del instructor jefe para España Luis Nunes sensei, en el Ichiban Dojo de Murcia.



Trabajamos casi tres horas de kata y bunkai, trayéndonos como sensei Luis nos tiene acostumbrados, nuevos conocimientos en relación a la ejecución de los kata, formas de entrenar determinados movimientos y sutilezas técnicas en las aplicaciones. Por la generosidad y empeño de sus clases no podemos mas que sentir agradecimiento hacia el sensei, y comprometernos a asimilar a través del entrenamiento todo lo transmitido.















Con sensei Angel Luís de Talavera
















Tras el entrenamiento repusimos líquidos y fuerzas en un almuerzo en común.


Agradecemos como siempre la aportación fotográfica de Andrés, que se estrenó en este tipo de entrenamientos.

El próximo encuentro en el X Curso Nacional, en esta ocasión en Barcelona.






miércoles, 14 de septiembre de 2016

KARATE-DÔ NO ES SOLO DEPORTE

Con frecuencia algunos padres y jóvenes alumnos me preguntan el porqué sus hijos o ellos mismos no compiten, porqué no son “campeones”. Me gustaría explicarlo ampliamente para que pueda ser entendido.

Primero definiremos lo que entendemos por deporte:

A lo que llamamos “deporte” ha tenido y sigue teniendo muchas definiciones, pero de todas ellas podemos extraer unas características generales que lo definen:

  • Tiene un carácter lúdico.
  • Implica una actividad física.
  • Es competitivo. Busca superar una marca o a un adversario.
  • Se rige por reglas comúnmente aceptadas
  • Está regido por instituciones oficiales, es decir, está institucionalizado.


Comparemos entonces con el Karate-dô:

Kenkyukai: los comienzos del Karate Goju Ryu
Como no podía ser de otra forma, lo que hoy denominamos “Karate deportivo” tiene esas características. Pero esta faceta es solo eso, una faceta, y podemos conocer el todo por una parte, pero tendremos una imagen desvirtuada de este todo. El Karate-dô o “Camino de la Mano Vacía”, es un sistema moderno de defensa personal creado en la isla de Okinawa (Japón) a principios del siglo XX, en base a antiguos sistemas de lucha. Tradicionalmente el Karate no se enseñaba de forma general, como hoy en día, sino que cada maestro tenía un reducido grupo de alumnos con los que se establecía una estrecha relación. La obligación del alumno era aprender y la del maestro enseñar, pero no solo formándole en la técnica y el desarrollo físico, sino también como persona, ya que se le transmitía un conocimiento potencialmente peligroso que solo debía recaer en personas equilibradas y con un elevado sentido moral.
 El Karate puramente okinawense que nosotros practicamos es heredero de esa tradición y considera que es importante transmitir a sus practicantes, y especialmente siendo niños, incluso antes que un sistema de defensa o de lucha, valores como la auto-superación, el esfuerzo, el compañerismo, el respeto y la humildad. Además de inculcar estos hábitos saludables para la mente, también otros para el cuerpo como el gusto por el ejercicio correctamente realizado según la edad y posibilidades de cada uno. Esta es la razón de ser del Karate en el mundo moderno.


 El Karate tradicional comenzó su apertura, antes que en el ámbito deportivo, en el educacional, pues las cualidades anteriormente descritas eran muy valoradas en este ámbito. Pero su medio natural es el dôjô.1 El dôjô no es un gimnasio, sino mas bien un microcosmos que permite formarse para la vida. Está compuesto por un guía, el sensei2, una etiqueta en el comportamiento, el grupo y las enseñanzas teóricas, prácticas y filosóficas de la escuela en cuestión. El Karate-dô por tanto no solo subraya los movimientos físicos, sino que tarde o temprano requiere la comprensión de la filosofía que hay detrás de él, y que no existe en el ámbito deportivo o lúdico. Los componentes del grupo se disciplinan sin extremos narcisistas, olímpicos, ascéticos o místicos. Estas son formas exhibicionistas. El valor de los integrantes no se aprecia por características heredadas (mayores cualidades para el deporte) o a costumbres sociales (prestigio pasajero de los campeones) sino por el tiempo y la experiencia en la práctica y la madurez conseguida.

1dôjô” – “el lugar donde se busca el camino”
2sensei” – literalmente “el que ha nacido antes” quién ha recorrido mas camino en la técnica y en la vida. No es un título deportivo, pues su sabiduría proviene de su práctica personal dirigida a su vez por otro sensei y por su recorrido vital.


En el dôjô se establece un sistema de cinturones de diferente color según la experiencia y conocimientos de cada uno. Solo su actitud y su trabajo de auto superación en las clases le hacen merecedor de poder examinarse. Para el paso de grado no solo se piden habilidades físicas y conocimientos técnicos y teóricos, sino que se incita a cada alumno a tomar la responsabilidad de preparar su examen, y para ello necesita no solo de los conocimientos de su profesor (sensei) sino también la ayuda de sus compañeros. Los cinturones mas elevados tiene la responsabilidad de facilitar el progreso de sus compañeros con menos experiencia y estos deben agradecer este esfuerzo aplicándose en aprender. En esta relación el respeto mutuo es importante, no hay inferiores ni superiores. El Maestro Chojun Miyagi, fundador de nuestra escuela Goju-ryu, defendía que un karateka debía ser juzgado por su carácter no por su grado.

En el dôjô, el keikogi, o uniforme de entrenamiento, iguala a todos los practicantes y les convierte en miembros del mismo grupo, de la misma escuela. El practicante se siente acogido, ve claramente el lugar que ocupa, lo que se espera de él, y conoce los mecanismos para progresar. ¡Ojalá todos pudiésemos esperar lo mismo en nuestra vida cotidiana!


A diferencia de otros estilos de Karate mas enfocados al deporte y la competición, consideramos que la competencia no es una herramienta apropiada para lograr los fines antes descritos. Como deporte, algunos aplican la disciplina del combate a la educación, y obtienen resultados positivos canalizando la violencia de los jóvenes y por ello la consideran educativa y por tanto aprobada por las autoridades competentes y la sociedad en general. Pero el uso inadecuado de los conocimientos de lucha no puede ser controlado solo al sentido de responsabilidad de cada uno, sino que necesita que la persona este formada moralmente. El Karate-dô como tal incluye una significación moral en la calidad técnica, constituye una práctica corporal particular que conduce inevitablemente a una vertiente espiritual.

La competición propicia el éxito a costa de otros, la creación de falsas sensaciones de superioridad y la exaltación del propio ego en el caso de los “campeones” e inseguridad y frustración en los “perdedores”. En el mundo del “yo”, del “Numero Uno” es donde encontramos el orgullo, la envidia, el egoísmo, el enfado…y estos estados no son difíciles de ver en las actuales competencias, quedando atrás los torneos en los que los competidores, los jueces e incluso el público se comportaban de una manera respetuosa.

Desgraciadamente, en competición el refuerzo positivo no es un elemento muy útil para todos en su educación como practicantes, pues siempre hay muchos perdedores y pocos ganadores. Por otro lado la victoria tiene una vida corta, cesa rápidamente y desaparece. La victoria para un verdadero karateka es su conducta pacífica, reflejo de su paz interior.



En otros sistemas decididamente deportivos, la competición llega a ser el fin central de la práctica, y aunque buscando beneficiarse de lo más positivo de ella, el fin último es: GANAR. Integrados en organismos internacionales de carácter competitivo, la competición llega a ser de alto nivel, exigiendo un máximo esfuerzo en pocos años, en una concentración muy especializada en lo físico (dietas, pesos, aspecto, cualidades) y en lo mental (marcas, comparaciones de competencia, enfoque en el triunfo…). El exhibicionismo y dependencia de un éxito tan concreto y fugaz, en el caso de que se alcance, hace de esta práctica una actividad deformante, no solo por lo difícil que ha de ser prescindir de tal adicción tan bien condicionada, sino por las secuelas derivadas de un gasto de energía injustificable en la naturaleza, sobre todo en cuerpos y mentes en formación, que pueden desembocar en todo tipo de enfermedades físicas o mentales y en malos hábitos, y esto es algo de lo que deberían ser conscientes los deportistas, profesores deportivos y padres.

Nos hacen creer que la competición es una preparación para una vida inmersa en una sociedad dividida en triunfadores y perdedores. Pero la Vida no es así. Por ello esta práctica está fuera de lo que podemos considerar KARATE, y por tanto para nosotros exenta de interés.


Como contraataque, al Karate tradicional se le suele acusar de utilizar determinadas prácticas contrarias a la salud, tales como deformaciones en las articulaciones por el golpeo contra determinados artefactos de entrenamiento, o problemas cardiacos o circulatorios derivados de algunas prácticas de tensiones musculares o respiratorias. Es claro que aquello que no se conoce no puede practicarse de manera correcta. Si Okinawa es conocida mundialmente por algo más que por ser la cuna del Karate, es por ser uno de los sitios del mundo con una mayor longevidad entre sus habitantes. En su modo de vida hay un respeto constante por la salud, en su alimentación, en su trabajo, en sus artes y aficiones. El Karate como producto de esta cultura y profundamente influenciado por la medicina tradicional china, tiene una especial preocupación por la salud de sus practicantes a todos los niveles. Si el entrenamiento se lleva a extremos poco saludables es debido a una decisión personal o al desconocimiento de su correcta realización, no a una exigencia de la práctica normal.

Hemos visto que el Karate como actividad competitiva o deportiva es muy limitado en el tiempo, y una vez desprovisto de objetivos hace perder la motivación con la edad. Los ex competidores abandonan la práctica, o buscan con desesperación aquellos conocimientos y experiencias que se les suponen tras tantos años de práctica. En el Karate-dô el mantenimiento de nuestra salud, el mejoramiento técnico, y al fin, el conocimiento de nuestra verdadera naturaleza, nos hace esforzarnos hasta el día de nuestra muerte. Una máxima dice: El Karate es para siempre.

Para nosotros el Karate no es un deporte y menos de equipo. En una situación real de autodefensa, o simplemente en una situación importante de la vida cotidiana, nos enfrentamos solos a los propios miedos y al peligro externo. Cuando entrenamos en el dôjô, cada uno debe aprender la totalidad del sistema, por si mismo, por medio de su propio esfuerzo. No hay diferentes especialidades como en los deportes de equipo para funcionar apoyándose unos en otros. Sin embargo debemos tener la necesaria humildad para reconocer que nuestros progresos y éxitos no solo son personales, sino que son fruto de la ayuda de los compañeros y del interés del Sensei, y en el caso de los más jóvenes, también del apoyo de los padres que están al tanto, pagan las cuotas y se molestan en llevarlos a las clases. Todos ellos merecen nuestro respeto y agradecimiento por su participación en nuestros logros.

El Karate tradicional no es un sistema hecho para ganar, sino para no perder, no para atacar, sino para defender, no para matar sino para vivir. Es una forma de vida que busca nuestra verdadera esencia en el trabajo constante, no en éxitos puntuales y pasajeros, y nos transforma en personas seguras, positivas y respetuosas. El Karate así entendido es una actividad que nos acompañará toda nuestra vida, no un mero recuerdo de competencia juvenil.
El Karate-dô tampoco es una fábrica de “campeones” o de “maestros”, sino que al contrario forma personas “normales”, modestas, que no intentan llamar la atención, pero que por ser gente equilibrada y con recursos, suelen destacar allá donde van.

Solo cuando el practicante tiene la suficiente madurez para valorar sus triunfos y sus fracasos se debería aplicar la competición como sistema educativo, como forma de probarse a sí mismo. En nuestro sistema, los exámenes de paso de cinturón cumplen esta función. Y a pesar de todo lo dicho, organizar puntualmente “competencias” y demostraciones con el solo propósito de la convivencia y el intercambio con otros practicantes, sin ser una actividad primordial en la formación del practicante, puede ser muy positivo. Si una persona no tiene autodisciplina quiere presumir de su destreza física. Las demostraciones públicas deben ser una muestra del entrenamiento constante y no de la habilidad del ego

Para nosotros lo verdaderamente importante en nuestras actividades es aprender algo, dar y recibir, no sobre/infravalorarse ni exhibirse, y menos, a costa de otros.

Este escrito no es un alegato en contra del deporte o de la competición, sino a favor de la clarificación de que el Karate-dô es mucho mas que una actividad deportiva, que su fin no es aportar “gloria” a naciones, comunidades o municipios, sino ofrecer a los practicantes bienestar, educación y el aprendizaje de un arte que podrá darles beneficios físicos, mentales y espirituales durante toda la vida.

Antonio Avila


sábado, 27 de agosto de 2016

DISFRUTANDO TODO EL AÑO

Ultimo sábado de entrenamiento de Agosto

Quien no vive de forma consciente no vive en el presente, no disfruta del momento, ni toma consciencia del paso por los diferentes ciclos vitales, no acumula experiencia de su propio Ser. Se acabaron las vacaciones, y como si nuestro ciclo vital anual solo tuviera dos estaciones, un corto Verano y un larguísimo Invierno, volvemos a nuestros quehaceres y rutinas en espera del próximo periodo estival.
            Hoy en día se oyen muchas expresiones del tipo “hay que vivir la vida, que es solo un momento”, “exprime la vida”, “vive a tope”, etc. Pero se refieren a las vacaciones, a cuando uno disfruta de su tiempo libre, a cuando uno está con sus seres queridos, a cuando estamos por unos instantes a gusto tomando un café o compartiendo una puesta de Sol. En las redes sociales nunca vemos una foto del alguien trabajando en una zanja con una de estas frases.
            Cuando hablamos de la Vida, estamos hablando de la vida que hay en nosotros, la que nos toca, y esta, como todo en el Universo, tiene sus aspectos positivos y negativos, o si queremos decirlo de otra manera, buenos y malos, si lo filtramos con nuestras percepciones, emociones y juicios. Positivo y negativo, bueno y malo son dos caras de una misma hoja de papel, van unidos, y la tinta de lo que escribimos en una cara pasa a la contraria, tiene su efecto. Nunca lograremos, por mas medios de que dispongamos, mantener en un blanco impoluto ninguna cara del papel. Por ello para vivir la vida con plenitud, no es necesario hacer “puenting”, sino ser testigos y disfrutar de nuestro paso por la vida con sus cosas agradables y desagradables, buenas y malas, en el calor del Verano y en el frío del Invierno, en la Primavera y en el Otoño, que también estas estaciones existen.
            Esta falta de consciencia con la que nos movemos, potenciada por un ego egoísta, valga la redundancia, que tiende a empujarnos a lo fácil, lo cómodo, lo agradable y en resumen a lo que nos apetece, hace que vivamos anclados en el pasado, en lo bien que lo pasamos en Verano, a la espera de tener a la vista las próximas vacaciones, cuando nos enfocaremos ahora en un prometedor futuro. Lo penoso es que esta estructura de pensamiento se instala en otras facetas mas importantes de nuestra vida, y esta se nos pasa recordando o esperando, pero sin vivirla. ¿Que pasa con nuestra práctica del Karate-dô o de cualquier otra Práctica Integral (cuerpo/mente/espíritu)?
            Se nos llena la boca diciendo que el Karate-dô es mas que una actividad física, que es mas que un deporte, que es una forma de vida, que es para siempre, que es un Camino Vital a recorrer, etc, etc. Pero nos es lo mismo decirlo que practicarlo. El Karate- es ante todo una experiencia personal que nos ayuda, entre otras cosas, a Vivir la Vida de forma mas consciente y plena, disfrutando de lo agradable y de lo desagradable, de lo cómodo y de lo incómodo, del relax y del esfuerzo. Cuando es parte de nuestra vida, estará por tanto en nosotros no solo en el dôjô con nuestros compañeros, sino en todo momento y lugar, no solo será una técnica de lucha o una actividad física, sino que se confundirá con nuestros movimientos cotidianos, influirá por tanto en forjar una actitud especial, una visión de la Vida.
            Al igual que nuestra vida no termina con las vacaciones, aunque a veces el esfuerzo de las vacaciones pueden terminar con nuestra vida, la practica del Karate-dô no es una actividad para después de las vacaciones. No se descansa de la práctica, como no se descansa de la vida, en ambos casos, la practica y la vida, cesan, mueren. Para la práctica al menos existe la posibilidad de revivirla, pero ello necesitará de un esfuerzo especial. Ya sabemos que si abandonamos el carro en una cuesta no lo encontraremos en el mismo sitio. Yo lo aprendí en cierta ocasión con mi propio coche.
            Dicho todo lo anterior, terminadas las vacaciones, y a la espera del curso escolar, de las colecciones en los kioscos, del Otoño del Corte Ingles y de otros indicadores de un nuevo y “natural” ciclo vital, os invito a tener en cuenta la siguiente propuesta:
            No consideréis la práctica del Karate-dô como algo separado del resto de lo que hacéis a lo largo del día, de la estación o de la vida. En realidad nada está separado, nuestro ego hace separaciones para mantener alejado aquello que no nos gusta, pero al final nunca lo consigue. La práctica tiene muchas vertientes en todos los elementos que la componen, por lo que podemos continuarla con frío, con calor, con vacaciones o sin ellas, cansados o pletóricos de energía, siendo jóvenes o viejos, practicando o leyendo, meditando o charlando. Pero mi propuesta es que, hayáis seguido practicando o hayáis estado “descansando”, retomemos todos juntos el Camino invirtiendo un esfuerzo especial en ello o dándole un mayor impulso a la práctica. Juntos volveremos a empujar todos los carros que rodaron cuesta abajo.

Antonio Avila

lunes, 22 de agosto de 2016

EL KARATE DEL ZEN, EL ZEN DEL KARATE.

Morio Higaonna sensei en zazen
Como decía el conocido maestro de Yoga, Ramiro Calle, en la introducción de un ya viejo libro sobre el Zen y las Artes Marciales Japonesas (Ed. Cedel, 1968), para escribir sobre el Zen lo mas apropiado sería entregar un libro en blanco para que cada cual escribiese su propia experiencia, ya que todo lo que realmente puede escribirse sobre el Zen es precisamente eso: la propia experiencia.


En el Zen no hay nada sobrenatural, es un mapa que permite que cada cual recorra su propio camino. Personas corrientes con pasos normales van hacia la superación de la vulgaridad mundana y del vulgar estilo de vida egoísta, que no producen mas que sufrimiento y una vital desorientación. El maestro zen Tsuji Gestan (1647-1726) también maestro de espada (fundador de la escuela Mugen Ryu) decía que el Zen te enseña la importancia de la vida diaria. Enseña que la grandeza de la vida no radica en las cosas artificiales ni en las comodidades materiales (estamos hablando del siglo XVII), sino en la vida ordinaria, haciendo cosas ordinarias, de una manera ordinaria y es una desilusión creer que hay algo especial por el simple hecho de ser humanos y sentirnos superiores a otras formas de vida. Y lo que es mas importante, el Zen te muestra la realidad. La realidad es ver la vida desprovista de Ilusión, entendida la Ilusión como lo no real.

Maestro zen Taisen Deshimaru

El Zen no adoctrina, al contrario solo invita a que uno mismo recorra el camino y propone como método el zazen, solo sentarnos con nosotros mismos, sin estados de trance o alucinaciones, sin intereses personales, sin intención de logros… Solo desarrollar la consciencia del ser y del estar en cada momento, de la transitoriedad e impermanencia de todo lo que nos rodea a excepción del “aquí y ahora”.

La Iluminación, el satori, no son objetivos, no son estados excepcionales. El maestro zen Deshimaru decía: “El Satori es volver a las condiciones normales y comprender el sentido de todas las cosas de la vida sin coloración neurótica”. La experiencia del Zen es la consciencia ordinaria, el estado de alerta, la percepción abierta y directa, el control natural. Para ello debemos liberarnos de condicionamientos y visiones distorsionadas por las necesidades de un fuerte ego.


La practica del Zen está pues relacionada con la investigación sobre nosotros mismos y la relación con todo lo demás. Nos hace conscientes de la necesidad de una vida espiritual para enfrentarnos tarde o temprano a las verdades de la Vida. El maestro zen Nishiyama Kudo dice que el verdadero budismo es poner nuestra fe en la realidad, pero que esta realidad tiene dos aspectos: uno espiritual y otro material. Por ello se suele decir que el Zen no es ni racional ni irracional sino post-racional.

Daruma
Se atribuyen las siguientes palabras al mítico Bodhidharma (Daruma en jap.) considerado primer patriarca zen y origen de estilos de lucha y prácticas de Chikung (Kikô en jap): Conoce tu mente mediante la sabiduría interna y cuida tu cuerpo mediante la disciplina externa”. Este buen consejo, en nuestro caso, enlaza el Zen con el Karate-dô, convirtiéndose en una sola práctica.
 
No vamos a comentar la relación que siempre a tenido en Zen con las Artes Marciales japonesas, sino a centrarnos en la que tiene con el Karate desde que es Karate.

Algunos maestros okinawenses no ven clara esta relación y dicen que quién practica zazen para mejorar su Karate, es porque quizás su Karate no sea muy bueno. Desde otro punto de vista, otros opinan que el Zen no es diferente al Karate, pero no es para pelear mejor.

 Ambas disciplinas buscan conquistar el ego. Lo que se practica en el dôjô (de Karate o de Zen) es primeramente para lograr la victoria sobre uno mismo, requisito imprescindible para aspirar a vencer a otro, lo cual pasa entonces a ser secundario. Este es el sentido de su relación, no una simple estética de reglas y postureos, o de frases que solo “apestan a Zen”, una expresión que da a entender que no se comprende profundamente.

Karate y Zen coinciden totalmente en otros muchos elementos como la importancia del mokuso, el tanden, la respiración, la consciencia y la concentración. Ambos son esencialmente empíricos y animan a la practica, pues sin experiencia no hay aprendizaje real.

A continuación vemos algunos ejemplos y referencias de los maestros de Karate en relación al Zen:

Morio Higaonna sensei habla de que se cree que Chojun Miyagi sensei (1888-1953) se concentró mucho en las practicas ascéticas de la meditación zen. En su “Esbozo histórico del Karate” (Osaka, 28/1/1936) Miyagi sensei dice: “Al final hemos obtenido el lema correcto “mente primero y cuerpo después” que significa que Karate y Zen son lo mismo” Sin embargo Miyagi sensei no introdujo el Zen en el Karate de manera explícita.

Choki Motobu sensei (1870-1944) en “Watashi no Karate Jutsu” de 1933 habla de que la concentración y la tranquilidad de espíritu que proporciona el Karate es algo que tiene en común con el Zen.

A mediados de los años 20 Gichin Funakoshi sensei (1868-1957) comienza al practica del Zen con el abad Furukawa Gyodo en el templo Enkakuji de Kamakura (hoy en día existe en este templo una estela en su memoria con la inscripción Karate ni sen te nashi)
Shoshin Nagamine sensei: Matsubayashi-ryu

Shoshin Nagamine sensei (1907-1997) incorporó la practica de la meditación zen en sus clases, aunque decía que el Zen nunca influenció al Karate en el pasado.

Morio Higaonna sensei en su periodo de estancia en Tokyo dedicó un intenso esfuerzo a la practica y estudio del Zen. Como el mismo diría, llegó a la conclusión de que no era algo separado del Karate y que a través de la practica de este se podía seguir practicando Zen. Higaonna sensei mantiene una estrecha relación con Sogen Sakiyama Roshi de la secta zen Rinzai, quien fue alumno a su vez de Chojun Miyagi sensei en su juventud.

Sakiyama Roshi y Higaonna Sensei











Para terminar esta breve reseña daremos algunos consejos para la práctica del zazen, la meditación sentada, de la que se dice que es un kata con una postura única (K. Tokitsu).

En zazen hay dos instrucciones fundamentales: en la postura y en la respiración.
La postura perfecta en equilibrio perfecto, en inmovilidad y con el vientre (hara) libre.
Respiración armónica, abdominal y nasal. La lengua se pega al paladar.
Bodhidharma decía que “para ver un pez, se debe observar el agua”. Solo observaremos por tanto, desde nuestra solida postura y armónica respiración.

El maestro Kodo Sawaki en zazen
Pero pronto tomamos consciencia de que tenemos pensamientos que surgen de manera mecánica e inconsciente. De que son asociativos, valorativos y relacionados con nuestra emociones. Pensamientos que son creados por nuestro ego, con sus preferencias ilusiones, miedos, defensas, etc. Este ego no soy Yo, y aprendemos a dejar pasar los pensamientos como nubes. La mente llegará a disciplinarse en este sentido y podremos concentrarnos en la observación de nuestro verdadero Yo.

 “Las cosas son como son" decía el patriarca zen Eihei Dōgen.


Antonio Avila

lunes, 8 de agosto de 2016

WORLD BUDO SAI 2016 OKINAWA


En primera fila Bakkies sensei (8º dan) Higaonna sensei (10º dan) y Nakamura sensei (7º dan)

El pasado mes de Julio se celebró en Okinawa el Word Budo Sai de la I.O.G.K.F. bajo la dirección del gran maestro Morio Higaonna.


Unos mil doscientos karatekas de todo el mundo se congregaron en la ciudad de Naha con motivo de este evento. 

Como representante de nuestra Asociación Malagueña, un año mas nuestra mas internacional compañera, Ana López (3er Dan), viajó a Okinawa con el grupo de IOGKF España.

IOGKF España
En los días previos al acontecimiento hubo la oportunidad de entrenar en el Honbu Dôjô.












 
Ana golpeando la archiconocida columna del dôjô de Higaonna sensei


Con Linda Marchat sensei (7º dan)

Foto con los sensei
Kanazawa sensei también asistió al evento

Higaonna sensei en el Sayonara Party
Ana con Yamashiro sensei





Sensei Luis junto a Erik Higaonna y nuestra entrañable amiga Tsuyaku Kinjo
En el Palacio del castillo de Shuri




Todos hemos ido un poquito con Ana en este viaje y nos sentimos alegres de que ahora comparta sus experiencias con nosotros.

Gracias Ana sensei